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¿TODO VALE EN ARTE?



Cómo saber que una obra de arte es verdadera…


Si nos fijamos –con un poco de perspectiva– en las noticias que aparecen en cualquier medio de comunicación y redes sociales, descubrimos que cuanto más estrambótica es una «obra de arte» más llama la atención. Pigcasso, es un cerdo que mancha lienzos y su dueño los quiere hacer pasar por cuadros abstractos. El chimpancé Congo (1954-1964) también realizaba esta actividad y saltó a la fama cuando el mismo Picasso compró una de sus primeras telas. La historia puede albergar algunas de estas curiosidades y sus dueños hacerse de oro –o intentarlo– gracias a una buena publicidad y a los coleccionistas que tan solo ven un bien comerciable que puede aumentar de valor, nada más.


Otro elemento que suele producir confusión son las texturas. Y con texturas, me refiero a esa capa de materia-masa que se utiliza en pintura o en las superficies de las esculturas y que posee un alto porcentaje de usurpación de la belleza natural. Me explico: Visualiza la corteza de un árbol viejo, una superficie ajada y curtida por los años. Ahora imagina que puedes «utilizar» esa textura –bien con pintura, con una técnica hiperrealista, bien impresa a partir de una fotografía digital y luego retocada con óleo, por ejemplo– y generar un cuadro, ponerle un marco y colgarla en una pared de una galería. ¿Es eso arte? ¿O más bien sería aprovechar la belleza de un producto natural y, usándolo a través de una técnica pictórica específica, hacerlo pasar por una obra original tuya, para luego seguir trabajando en ella?

Sigamos con el supuesto. Ya que tienes un fondo con una textura profunda y atractiva, le sumas dos líneas geométricas, dos ángulos que se superponen, difuminas un poco las rectas, les añades algo de negro y aclaras otras zonas. Luego lo titulas «Convergencia distópica» y ya tienes un cuadro de «arte moderno/incomprensible» que nadie entiende pero que posee un cierto valor estético y decorativo. No, perdona, pero eso no es arte. Es saber reconocer los elementos estéticos de las texturas y dominar algunas técnicas pictóricas (por lo general limitadas) para realizar composiciones simples y decorativas, pero no es «crear una obra propia, dejar algo de ti en ella y transmitir tu mensaje a los demás».


Las preguntas que debemos hacernos ante obras así son: ¿Cuál es la motivación personal del autor? ¿Qué nos aporta a nosotros? ¿Qué le aporta a él? Si imita muy bien una corteza de árbol... pues será un gran técnico en reproducción de texturas, pero no un buen artista, ni un creador de cuadros.

La imitación de lo natural

no es obra del Arte sino de la técnica.

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